Curvas imposibles

Nos enfrentarnos a la carretera Transfagarasan (Rumanía), una de las más legendarias del planeta, a los mandos del nuevo Mazda MX-5. Un trazado no apto para cualquier piloto, ni para cualquier coche.

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Curvas en horquilla, subidas y bajadas abruptas y un sinfín de túneles y viaductos caracterizan esta carretera de los Cárpatos, apodada como la ‘locura de Ceaucescu’, ya que fue el dictador quien la mandó construir en los setenta para asegurar un acceso militar rápido frente a la amenaza soviética.

Sobre estas líneas, dos Mazda MX-5 ‘descansan’ tras un serpenteante ascenso por la carretera Transfagarasan (Rumanía). A la izquierda, uno de los carteles de esta icónica ruta.

Lo que supone una auténtica pesadilla para muchos conductores es un apasionante reclamo para otros. Todo depende de la actitud y la pericia con la que se encare este recorrido de 151 kilómetros y del coche con el que afrontemos esta endiablada aventura, en nuestro caso el nuevo Mazda MX-5. Al subirnos en la última versión del mítico descapotable de la marca nipona –que cuenta con más de 280 premios y es el roadster más vendido del mundo según el récord Guinness– experimentamos las mejoras introducidas en su interior, que gana en confort y en el sentimiento de unión con el coche gracias a un ajuste telescópico en el volante, una función más ergonómica de reclinación en los asientos y una apertura de puertas más cómoda.

Una vez en marcha, sentimos su avance en comportamiento dinámico y toda la filosofía Jinba Ittai de Mazda: jinete y caballo unidos, coche y conductor en total armonía, mientras devoramos cada kilómetro y superamos cada curva imposible, deambulando con seguridad y diversión entre los picos más importantes del país –Moldoveanu y Negoiu–, dejando atrás las cascadas y lagunas que forman este emocionante paisaje.