Sócrates. ¿Cómo hacer la revolución?

No todos los futbolistas son superficiales. Sócrates reflexionaba sobre los problemas sociales y trataba de aportar soluciones.

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No existe un futbolista con mayor conciencia social y capacidad cultural. No existe un futbolista que lograra que la afición de su club se comportara como él deseaba e interpretara sus ideas en beneficio de la libertad global. No existe un futbolista con tanto talento en el césped y que, sin embargo, represente un papel infinitamente más interesante para la sociedad, por todo lo que logró lejos de él. Para Sócrates (estrella de la selección brasileña del Mundial de 1982), el fútbol era un instrumento social con el que poder manifestarse ante los poderes que limitaban la capacidad del pueblo brasileño, y la pelota, la excusa ideal para representar todas las ideas que debían exportarse a la vida real de la dictatorial Brasil de los años setenta y ochenta.

Fue el líder icónico de las ‘Directas Ya’, un movimiento que reivindicaba el derecho a elegir al presidente del país por voto directo de los electores y que se encargó de trasmitir concienzudamente en cada partido que disputaba y con cada decisión tomada en el seno de su vestuario, el de un Corinthians que pasó a la historia por la ‘Democracia Corinthiana’, donde cada futbolista votaba por todas las decisiones del club. Un hombre crítico, rebelde e inteligente que llevaba su idea de carpe diem hasta las últimas consecuencias y cuya mentalidad parecía insertada en el siglo equivocado. Y que dejó un legado único, pues muchos brasileños saben hoy lo que es la democracia gracias a Sócrates.

¿Qué representan los libros en tu vida?

Mi padre tenía una pasión extrema por la literatura. Se pasaba las madrugadas leyendo cuando regresaba del trabajo. Nos educó a base de todo lo que él aprendió con los libros de comunismo, socialismo, libertades… que eran su divertimento, su propia educación, su conocimiento. Como no había conseguido estudiar hasta adulto, le daba mucho valor a eso. Y, al mismo tiempo, era una persona con mucha sensibilidad social que, cuando argumentaba sus conocimientos, te conquistaba con ellos. Pero como vivimos un golpe de estado, sus miedos crecieron. Incluso una noche me desvelé y lo vi quemándolos. Yo pensé que algo muy importante le debían haber enseñado y algo aún más importante podrían representar aquellas ideas para que él destrozara lo que más quería. Protegió a sus hijos quemando todo lo que había aprendido. Me enseñó a conocer los razonamientos, pensamientos y la vida a través de los libros.

¿Cómo se cambia la sociedad? ¿Cómo se hace la revolución?

Nos estaban adoctrinando para que todo el mundo pensara de una manera, de ‘su’ manera. Yo creía que la sociedad no podía tener un papel pasivo y secundario, por lo que mi sueño fue conseguir que todos vieran que había otra posibilidad. Una posibilidad que se llamaba democracia. Hablar al país, hablar al pueblo y decirle que hay que luchar por aquello que yo consideraba más justo y que podría beneficiar a millones de personas. Como la gente me conocía del fútbol, iba a bares o a locales y sabía que me iba a encontrar a personas a las que no le gustaban mi pensamiento ni a mi el suyo, pero conocía perfectamente cómo se sentía el pueblo luchador para subsistir a diario en las calles de Brasil. Les decía: “Está bien, tu piensas diferente. Siéntate y vamos a charlar para exponer nuestros argumentos”.

Sócrates coloca su mano en el pecho mientras suena el himno de Brasil, selección que capitaneaba en 1981.

¿Cómo se enseña democracia con el fútbol?

Al llegar al Corinthians, mi vida cambió a la velocidad de la ciudad de São Paulo, que es imparable. Nos fue mal, estuvimos muchas jornadas perdiendo y las cosas no funcionaban, por lo que el club realizó un giro y llegó al mando Adílson Monteiro, que era un joven sociólogo que no sabía nada de fútbol pero que tenía ideas revolucionarias para la administración deportiva. Se disponía a escuchar, no a mandar. Por tanto, las personas podían dar sus opiniones. Y en un país de poderes mentirosos, eso significaba mucho. Nuestro vestuario tenía ideas conservadoras, clásicas, revolucionarias… y entonces todos hablábamos y, de alguna manera, representábamos al pueblo brasileño, donde esas mismas ideas estaban presentes. Un día Adilson nos dijo que el equipo éramos nosotros y que decidiéramos qué queríamos y qué podíamos hacer. Y nos pusimos a hablar todos sin saber hacia donde ir, pero como cada cual exponía sus ideas, fuimos descubriendo el camino. Y decidimos votar en el vestuario. Hablar de voto, en aquella época, era una locura, una maravilla. Habíamos creado un vestuario donde se hacía política y el límite no era nuestro vestuario, sino que queríamos mostrar que eso era posible a todo el país.

¿Por qué aquello generó movimientos contrarios y críticas de otros deportistas que os veían como revolucionarios del fútbol?

Era lógico. Era algo único. Un proceso revolucionario siempre cuenta con aquellos que lo consideran malo para mantener el orden. Pero también tuvimos reacciones favorables que nos daban energías para continuar con nuestra ideología.

Pero la afición tuvo que entender que ese proceso empezaba con vosotros pero les influía a ellos directamente…

Por supuesto. Recuerdo que durante una mala etapa de resultados, un día la torcida estalló y tuvimos que estar encerrados en el vestuario durante muchos minutos al finalizar un partido. Pensé en algo para que entendieran el daño que eso nos provocaba y tenía que hacérselo notar para poder comunicarme con ellos que, como dije siempre, eran la imagen del pueblo brasileño. Así que, durante varios partidos posteriores, marqué goles y dejé de festejarlos. Ni me movía. Aquello creó rápidamente confusión y polémica en la torcida, que empezó a pedirme respuestas para saber por qué lo hacía. Les dije que no podía ser tratado como Dios un día y como el Diablo otro, porque aquello era un ejercicio artístico, un trabajo. A partir de ahí comenzó mi comunicación con la torcida y se fue extendiendo nuestros pensamientos en el resto del país gracias al fútbol.

¿Qué valor dejó a Brasil ‘Democracia Corintiana’?

El valor de las personas a decidir, a dialogar para encontrar posturas de acuerdo y el valor de respetarnos todos en base a nuestras formas de pensar. Todos mejoramos como personas. En nuestro vestuario decidimos cuándo tenían que ser las concentraciones, quiénes podían ir directamente a jugar el día de partido… y acabamos hasta tomando posiciones en la elección de un entrenador. Y poder expandir el mensaje de libertad es oro.

 

*Entrevista reconstruida a partir de las declaraciones de Sócrates en en ESPN – Sport TV – Cultura Sao Paulo.