Manolo Uvi. ¿Cómo sobrevivir al punk?

“Más vale ser punki que maricón de playa”, decía Siniestro Total. Charlamos con uno de sus máximos exponentes, Manolo Uvi.

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Para ser un buen punki tienes que estar un poco colgado, pero sin pasarte. foto: Álvaro The Fly Factory

Los rectores del exclusivo Colegio del Pilar de Madrid debieron acalambrarse cuando descubrieron que un punk pululaba por las aulas. Allí Manuel Quevedo, Manolo UVI, formó su primera banda, Pan de Molde, a la que siguieron otras. Más de treinta años después no ha abandonado su espíritu salvaje y noble. En su tienda Gabba Gabba Shop! de Madrid nos recibe con unas cervezas.

¿Te consideras la reserva espiritual del punk?

Todo lo contrario. Soy un superviviente de los ochenta porque el resto ha muerto, pero no porque sea especial. Tuve la suerte de estar ahí al principio y aquí sigo, aún no he palmado, que es lo fundamental.

Tu familia era acomodada, tu padre, Pantaleón, jugó en el Real Madrid y estudiaste en El Pilar, ¿no es raro que te hicieras punk?

Creo que una base cultural potente en el colegio y en la familia te facilita la posibilidad de ser lo que quieras ser. Por eso agradezco a mis padres que me hayan dado esa buena educación. De mi colegio han salido empresarios, ministros y hasta presidentes, yo me hice punk. Me crié en un ambiente de libertad y es muy de agradecer.

Ser punk con 20 años no es lo mismo que serlo con cincuenta…

El problema son los achaques, nada más. Con 20 te crees el rey, tienes otro concepto del peligro, de la vida, de las drogas… Vas al límite y actúas por el instinto salvaje de la juventud. Eres más inconsciente. Ahora ya hemos aprendido de algunas cosas.

Para empezar, ya no consumes treinta anfetas al día como antes…

Claro que no, pero, básicamente, porque ya no las hay tan buenas como entonces. Si las hubiera, veríamos qué ocurría.

¿Qué significado le has dado al espíritu punk?

El punk que yo he mamado no tiene nada que ver con la falsa corriente de ahora, que es una especie de hippie-punk con mallas, con un rollo político que no me interesa y es infantil. La cultura punk tenía una carga muy transgresora de ironía y de un humor más saludable. Además, sentías la presión del poder y de la policía y había que tirar de ingenio para esquivarlos.

¿Cómo sobrevivir al punk?

El punk arruinó mi vida, porque si no me hubiera enamorado de ese movimiento, habría sido un tío brillante con cualquier cosa que hubiera hecho, pero, en fin, no pensaba más allá del día que vivía. Claro, no había futuro. He sobrevivido gracias al talento para buscarme la vida. Nunca he ganado dinero con la música como otros que han tenido mucho éxito. Tenía mi grupo, pero también hice otras cosas: camisetas, posters, tuve un taller de serigrafía y la cabeza adecuada. Tengo 57 años, y si he llegado hasta aquí ya puedo seguir 20 o 30 más.

Eres un punk emprendedor, acabas de abrir Gabba Gabba Shop!, una tienda en el antiguo Mercado de la Cebada, en Madrid.

Es una ilusión para mí, aparte de vender discos de todo tipo, camisetas, anillos o bolsos, intento transmitir la ilusión que tenía cuando era un crío.

¿Cuál es tu sitio favorito del planeta?

Me gusta vivir en Madrid porque me ofrece opciones que me hacen sentir bien. Según pasa la vida me doy cuenta de que la mayoría de las cosas no son tan necesarias. Y otro sitio que me encanta son islas Gili (Indonesia), tres islotes perdidos donde no hay demasiadas cosas que hacer. Quizá a los tres meses me aburriría, pero me vuelvo y ya está.

¿Qué revolución consideras que es urgente?

La revolución cultural en los políticos. Me gustaría exigirles un mínimo de buena formación, sabiduría e inteligencia para que administraran la sociedad como es debido. El paisaje político está lleno de gañanes y es desolador.

¿Dónde van los punks cuando mueren: al cielo o al infierno?

A las islas Gili, por ejemplo. Los punks vamos a todos los sitios. Nos gusta mucho alternar.