Lola Herrera. ¿Cómo decir adiós?

Interpreta a la Menchu de 'Cinco horas con Mario' desde 1979. De tanto hablar con él, ha aprendido a decir adiós.

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La gente vive en comunidad y, como los elefantes, el círculo se va estrechando con el paso del tiempo, ya sea por distanciamiento o por fallecimientos; las personas se van viendo más solas mientras van aprendiendo cómo despedirse del siguiente ser querido. Lola Herrera ha estado tantas veces hablando con Mario (cinco horas) que ya ha aprendido a decir adiós.

¿Los últimos aplausos son como los primeros?

Es complicado. A mí me aplaudieron desde muy pequeña. Empecé cantando en un concurso de posguerra y con doce años gané un premio. Todo el Teatro Carrión de Valladolid me aplaudió muy fuerte. Hace mucho tiempo de eso, pero el aplauso mayor, para mí, es el seguimiento de lo que estás haciendo; que te escuchen y que puedas comunicarte cuando estás trabajando. Cuando termino una función después de haberme empleado tan a fondo, el aplauso es maravilloso, pero también tengo que salir de donde estoy y soy muy vergonzosa.

Interpretas a la Menchu de Cinco horas con Mario desde 1979, pero has estado quince años sin hacer la obra. ¿Se puede olvidar un papel?

Sí, pero es un olvido relativo, porque en el ‘disco duro’ tiene que estar el texto que has estudiado y has hecho durante muchísimo tiempo; que lo has dejado y lo has cogido. Lo que pasa es que cuando lo retomas y te pones a estudiarlo, rápidamente enhebras y aparece todo. Y si han quitado una cosa y aparece otra, en tu cabeza estará lo que había al principio. Cuando retomas, el personaje cambia su manera de ver y la persona y actriz también.

Menchu es viuda y tú eres divorciada.

Bueno, mi vida y la de Menchu tienen poco que ver. Pero soy muy mujer y he vivido una época que estaba muy cerca de la de Carmen Sotillo. Me ha tocado vivir lo que cuenta Delibes de ser de capital de provincias. Conozco muchas cosas, pero Carmen y yo pertenecemos a distintos mundos sociales. Yo soy hija de un obrero y he vivido siempre en un barrio proletario. Menchu pertenece a una clase media que no estaba suficientemente acomodada y siempre está con deseos de otra cosa, tanto como por educación como por cultura, y en el momento que vivía, la estructura de la sociedad estaba en contra de las mujeres. Ella batalló como pudo y desde donde pudo.

¿Menchu llega a conocer realmente a Mario?

Yo creo que no. Ella, desde su cerrazón, lo que tiene son necesidades, pero yo creo que las traduce a medias instintivamente, pero no llega ni a conocer ni a valorar a Mario; lo ridiculiza constantemente. Ella se ha casado con Mario porque ya le tocaba.

¿Qué significó para ti Función de noche?

Un antes y un después. Para mí fue muy importante. Cuando haces un balance de tu vida no entra sólo el último momento, sino toda ella. Creo que Función de noche es lo mejor que he hecho por mí. Me liberé de un montón de silencios y de intentos de diálogos que nunca pude realizar. Desde que se hizo hasta que se estrenó, el tránsito fue muy duro y mucha gente cercana no entendió nada, porque se pensó que era algo entre buenos y malos. Fue tan duro que sentí que me había desnudado el alma saltando al vacío.

¿Cómo decir adiós?

Si tengo que decir adiós, porque soy consciente, no tendré más remedio. No quiero salir al escenario hecha una piltrafa. Quiero decir que será doloroso, pero no por nada, sino porque el teatro es parte de mi vida. Mi pasión es la interpretación, la pasión más grande que he tenido en mi vida y la más pura. Me quedaría muy coja si tuviera que decir adiós. Si me tengo que ir al otro barrio, que me den una hora cortita y que pase de estar bien a no estar. Supongo que eso es lo que sueña todo el mundo.

 

Publicado originalmente en la edición impresa de la revista, número 10.