Leonardo Padura. ¿Cómo escribir en una dictadura?

Él mismo se lo dice: es el novelista de La Habana. El escritor cubano charla con nosotros sobre la isla, sobre escribir... sobre el desengaño.

Compartir
Escribe en libertad y sonríe Leonardo Padura. Así se dejó ver en el Edificio Planeta (Barcelona). Foto: Marc Rosés

El escritor cubano Leonardo Padura regresó el verano pasado a las librerías con La transparencia del tiempo. También suponía el regreso de su personaje más iconográfico, Mario Conde, que ya tiene hasta su propia producción en Netflix. Serie de novela policiaca, la saga del único detective privado de Cuba con nombre de banquero español es también una ilustrativa crónica para entender y descifrar la evolución de la isla caribeña durante los últimos 25 años.

El título de tu última novela, La transparencia del tiempo, resuena a ensayo filosófico.

Mi mujer, que me acompaña durante todo el proceso creativo y es mi primera lectora y mi crítico más feroz, fue la primera que me lo dijo. Esta novela, ciertamente, tiene un trasfondo filosófico, que es la relación del hombre y la Historia. En el caso de mi personaje, sus coetáneos y yo mismo, porque formamos parte de la misma generación, somos hijos de una revolución que nos ha marcado la vida que hemos tenido.

Mario Conde insiste en la novela en que la suya es la generación frustrada.

Somos una generación que creció en pleno proceso revolucionario, participamos en él como estudiantes y trabajadores. Hicimos los sacrificios que se nos pidió, pero cuando llegamos a nuestra madurez, durante los noventa, el país cambió por completo. Se derrumbaron toda una serie de estructuras y con ellas unas formas de vida que eran las que creíamos que nos tocaban. Sobre ello publiqué el artículo La generación que soñó con el futuro.

¿Cómo era ese futuro con el que soñabais?

Pequeñito pero satisfactorio. Soñábamos con tener un piso modesto y un trabajo con el que poder comprar un vehículo (soviético, por supuesto). Si eras afortunado, poder viajar al extranjero, a los países socialistas europeos. Y si tenías más suerte aún, poder ir a España, México o Canadá. Todo eso se esfumó en los noventa cuando nos dimos cuenta de que vivíamos en un país virtual totalmente dependiente de Rusia. Ante este panorama, tuvimos que reinventarnos para afrontar la vida. Un amigo mío ingeniero tira adelante arreglando jardines. Hay otro que es médico que ahora hace de taxista.

En tu caso, ¿tu sueño se ha hecho realidad?

Mi caso es especial. En el año 95 no tenía un centavo pero decidí que dejaba todos mis trabajos y me centraba en la escritura. He tenido suerte y gracias a mi esfuerzo he podido hacer de la literatura mi profesión. Es cierto que en general tenemos acceso a una buena educación y a un buen sistema sanitario, pero tenemos la obligación de ser más exigentes y pedir aquello que nos merecemos. Existe la necesidad de plantear debates públicos sobre el destino de Cuba y que no sea causa de marginación tener una visión que difiera de la oficial.

¿Cómo se escribe en una dictadura?

Mi literatura no podría existir fuera de la isla. Si me hubiera visto obligado a salir, tal vez hubiera tenido que adaptarme, pero mi comunicación con la realidad cubana es esencial para lo que escribo. Me ayuda mucho a estar conectado con mi país seguir viviendo en el barrio de la periferia en el que crecí. Sea como fuere, nunca he tenido problemas con la oficialidad.

¿Ha conocido al Mario Conde real?

No. Sólo lo he visto en fotos. Ahora cuando pones ‘Mario Conde’ en Google sale antes mi personaje que el banquero. Algún día tendríamos que encontrarnos. Me gustaría tener la posibilidad de charlar un poco con él. No creo que me cobre derechos de imagen por el personaje.