Joaquín Almunia. ¿Cómo superar una derrota?

España es un rompecabezas. Pero Joaquín Almunia, en otro tiempo, sabía qué piezas eran las que encajaban en el país.

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Joaquín Almunia analizaba la situación política en la Botillería Café de Oriente de Madrid. Foto: Jacobo Medrano

El socialista Joaquín Almunia fue comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios entre 2004 y 2010 y vicepresidente de la Comisión Europea y comisario europeo de Competencia entre 2010 y 2014. Hoy, con toda esta experiencia, desarrolla lo aprendido en Ganar el futuro, libro que se une a Memorias políticas, volumen que narra en primera persona su trayectoria en el PSOE, donde, en 1997, asumió la Secretaría General y se presentó como candidato a Presidente del Gobierno de España en las elecciones generales de 2000. No ganó. De hecho, dimitió después de los resultados, pero eso no destrozó su vida.

En lo que a política se refiere, ¿te has dejado llevar más por el sentimiento que por la razón?

Cuando se es político, hay que conjugar las dos cosas. El pensamiento es imprescindible para tener políticas acertadas, diseñar una estrategia, reflexionar sobre los problemas a tratar… Y el sentimiento, la empatía con los ciudadanos, también lo es. La política no se puede hacer en un laboratorio.

¿Cuándo tuviste conciencia de que eras una persona de izquierdas?

Probablemente, al final de la adolescencia. En el tránsito entre el bachillerato de la época (pre universitario) y el primer año de Universidad. Entre los 16 y los 18 años.

¿Y por qué?

En primer lugar, por la democracia que no había en España en aquel momento y por las libertades, que estaban pisoteadas. Y también por la justicia, porque una dictadura nunca es justa. Además de eso, por haber conocido las chabolas que rodeaban la ciudad de Bilbao, donde crecí. Allí estaban las familias de emigrantes que no tenían posibilidades de salir adelante o de vivir dignamente.

¿Crees que está idealizada la izquierda?

Las ideas de izquierda están bien idealizadas porque son lo que nos va a garantizar el futuro: la solidaridad, la justicia, la igualdad de derechos, la garantía de las libertades, el respeto al diferente… ¿Idealizar? Las ideas, precisamente, en la etimología, están en lo que se puede idealizar. ¿Y la realidad? Es muy diferente. Hay unas políticas de izquierda que han dado muy buenos resultados y otras que han fracasado, siendo teóricamente también de izquierdas.

¿Por qué tantas escisiones y desencuentros en la izquierda? ¿Por qué no se unen como han hecho en Portugal?

Portugal es nuestro vecino y lo observamos menos de lo que nos convendría. Allí ha habido gobiernos de coalición de centro-izquierda (donde ha participado el Partido Socialista) y en este momento tienen un gobierno socialista apoyado por el resto de los partidos de izquierda representados en el Parlamento. Yo creo que eso es hacer política. Y hay que hacer política sin demasiados dogmas fijos (en cuanto a alianzas). Creo que en España se habla mucho de hacer política, pero hay poquísima gente haciéndola y con capacidad de saber qué piensan los otros (los colegas del escaño de al lado, del Ayuntamiento, de la Comunidad Autónoma…) y tratar de llegar a acuerdos pensando en los ciudadanos, porque no pueden estar sentados esperando a que los políticos se pongan de acuerdo o se dejen de tirar los trastos a la cabeza.

España es un rompecabezas. Pero Joaquín Almunia, en otro tiempo, sabía qué piezas eran las que encajaban en el país.

Te presentaste a las elecciones generales en el año 2000 y el PSOE perdió contra el PP de José María Aznar por mayoría absoluta. Dimitiste. El País tituló así la noticia: “Almunia se siente responsable del fracaso en la movilización del electorado progresista”.

Sí, porque eso sucedió y porque yo era el candidato del PSOE, que era la fuerza mayoritaria del espacio progresista. Y por supuesto que me siento responsable. No podía rehuir la responsabilidad. Aunque no fui el único responsable, porque había muchos más. Si en los tres años en los que estuve de secretario general hubiese habido problemas de financiación en el partido –no hubo ninguno, por cierto–, yo me hubiese hecho responsable inmediatamente. El máximo responsable de un partido no puede mirar para otro lado. Si no, ¿qué confianza da a su gente?

¿Cómo de importante es la seguridad en un candidato que se presenta a unas elecciones?

Tienes que estar convencido de lo que propones, de los mensajes que lanzas… Y si eres candidato a la presidencia del Gobierno, por ejemplo, debes estar convencido de que si te eligen los ciudadanos tienes que intentar llevar a la práctica, de la mejor manera posible, lo que estás prometiendo.

El eslogan de campaña de aquel año era: “Lo próximo”. ¿Qué era lo próximo?

Hablar y escuchar a la gente y no distanciarse de las personas. Cuando vas en el coche oficial (estás obligado a ir en él), tienes que ir mirando a la calle. Cuando estás en un cargo público, con una responsabilidad importante, tienes que abrir la puerta para escuchar y entender a la gente. No vale fiarse sólo de lo que dice una encuesta.

En aquellas elecciones generales del año 2000, el PSOE perdió 1,6 millones de votos, el 17% de lo que fue su fuerza electoral en el 96. El PP obtuvo 183 escaños, 27 más que en 1996, y el PSOE 125.

Ya nos gustaría ahora tenerlos. Un 34% de votos sacamos entonces. Me pareció una derrota estrepitosa y dimití esa misma noche, cosa que me costó algunas críticas dentro del partido, pero yo creí que era mi obligación hacerlo. Mirando ahora las cosas con perspectiva, hubo entonces quienes dijeron que habíamos alcanzado el suelo y que a partir de aquí sólo quedaba volver a crecer, y por desgracia no era así, porque eso no es automático. Pero se creció, de hecho. Zapatero ganó las elecciones del 2004 y volvió a ganar en 2008, con mejor resultado, obteniendo un porcentaje similar al que tuvimos en 1986. Pero no hay suelo, ni en España ni en otros países. Aquí ya aprendimos que no lo había cuando la UCD tuvo un batacazo electoral en el año 1982. Después lo hemos vuelto a ver en muchas ocasiones… Primero, en el 2000. Luego, en 2011 y, después, en 2015. Los ciudadanos tienen mucho poder cuando votan.

¿A veces se equivocan las mayorías?

Sí, las mayorías se pueden equivocar. Tenemos el ejemplo del Brexit. ¿Es positivo para Reino Unido? No. Es una enorme equivocación que van a pagar los británicos durante muchos años, pero estoy seguro de que volverán a llamar a la puerta de la Unión Europea. Entre tanto, vivirán peor, tendrán menos crecimiento económico y bienestar por una decisión que se ha tomado democráticamente.

¿Los votantes tienen lo que se merecen?

Yo creo que los votantes aprenden. Muchas veces aprenden más rápidamente que los políticos.

¿Cómo se supera una derrota, Joaquín?

En términos de partido, con la asunción de responsabilidad por parte de quienes han protagonizado esa derrota. A partir de ahí, lo que tienes que hacer es analizar seriamente las razones por las que se ha producido la falta de confianza de esa parte del electorado, para poner soluciones. Hay personas que llevan peor que otras ser protagonista de una derrota electoral. Personalmente, en mi caso, creo que no soy de los que han destrozado su vida por haber sido derrotados una vez en unas elecciones generales.

Joaquín Almunia analizaba la situación política en la Botillería Café de Oriente de Madrid. Foto: Jacobo Medrano

 

*Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestro número 4 de Man On The Moon