Javier Gurruchaga. ¿Cómo seguir dando la nota?

Conversamos con Javier Gurruchaga en La Riviera de Madrid, un rato antes de que salga a hacer lo que mejor ha hecho siempre: dar la nota.

Compartir

Cuando irrumpimos en su camerino, Gurruchaga está repasando el orden de las canciones que está a punto de cantar. 42 años después del nacimiento de la Orquesta Mondragón, esta noche, como tantas y tantas otras, se sube al escenario en el marco de una nueva edición del Hyundai Music Park, dedicado esta vez a las bandas ochenteras.

¿Hay nostalgia por la música de los años ochenta?

Cantar canciones de siempre no es nostalgia. Hay temas que nos sobrepasan en el tiempo. Hay que mirar con un ojo para atrás y con el otro para adelante, intentando crear nuevas canciones y shows.

¿Cómo ha cambiado el negocio en este tiempo?

Ha cambiado sobre todo porque en los últimos años se ha producido una gran crisis en todo lo que es el espectáculo. Aunque parece que estamos remontando… En cuanto al repertorio y al trabajo, hemos tenido nuestras subidas y bajadas. Nuestra época cojonuda fue la mitad de los setenta y los ochenta. Pero seguimos trabajando, dando conciertos. Y acabamos de lanzar un disco recopilatorio, ¡Noticia bomba!, que rescata temas que estaban olvidados, porque las discográficas apoyan uno o dos singles y punto.

Hoy en día, que estamos curados de espanto en todo, ¿cómo seguir llamando la atención del público? ¿Cómo seguir dando la nota?

Siempre ha sido duro. Pero cada vez se pone más difícil porque ahora hay otras formas de relacionarse y de comunicarse más rápidas, como las redes sociales… En estos momentos, desgraciadamente, llama la atención gente ridícula, personas patéticas, como Trump o como otros muchos que hemos conocido aquí cerquita. Mucha gente llama la atención por sus desastres más que por sus méritos.

¿Y es necesario llamar la atención, ser polémico, para despertar mentes adormecidas?

A lo largo de mi carrera ha habido un poco de todo. Pero si hemos perdurado ha sido por la suerte de tener buenos músicos, buenos compañeros de viaje. Y aparte del humor, de dar la vuelta a las cosas o de tener shows de televisión, ha habido un repertorio que ha enganchado. Pero no creo que tenga que llamar uno la atención. Eso dura un cuarto de hora. Para las letras hemos contado con gente como Eduardo Haro Ibars, Joaquín Sabina, Luis Alberto de Cuenca, Manolo Tena… Aunque yo dé la cara, me han ayudado muchos a enriquecer la Mondragón. Así que no consiste sólo en vestirse de torero.

“Espejito, espejito… ¿Quién es el más guapo del reino?”. Foto: Jacobo Medrano

¿Es más peligrosa la autocensura que la censura?

Sí, lo está siendo. Nos estamos contagiando de una autocensura a la hora de hacer videoclips o canciones. Queremos agradar a todo el mundo, y eso es imposible. A veces hay que mojarse un poquito. Antes no era consciente y hacía canciones como la de la muñeca hinchable o la de las gordas, pero se hacían de una manera ingenua. Ahora se le busca 8.000 pies al gato. Nos hemos vuelto retorcidos.

Si te nombraran ministro de Cultura, ¿qué harías?

No me veo de ministro… Hay muchas medidas que se tendrían que adoptar, pero no me he puesto en esa situación. A mi me bajas de vicepresidente y no me interesa [risas].

¿A los 60 se sigue teniendo fe en algo?

Vas perdiendo mucha. Te vas haciendo más incrédulo, ya no te las tragas tan fácilmente. La vida te enseña muchas cosas y se hace todo más duro. Aunque me seguirán engañando y metiendo bolas hasta el final. Eso es condición humana.

¿El show siempre debe continuar?

Claro. La carretera continúa hasta que no tengamos salud. Esta profesión es maravillosa y en eso estamos. Me gustaría seguir hasta el final con las mismas ganas y brío que Roger Waters o los Rolling.