Javier Gallego. ¿Cómo callar en una democracia?

Con el cuchillo entre los dientes nos recibió Javier Gallego en los estudios independientes Good It de Madrid. Pero no fue para tanto.

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El programa de radio Carne cruda ganó un Ondas en 2012, una legión de oyentes y dos despidos. A pesar del éxito, al periodista Javier Gallego le echaron de Radio 3 y de la Cadena SER. Para no renunciar a la libertad de su discurso, creó una radio independiente financiada por sus oyentes.

¿Es cierto que eres el periodista más insólito de España?

Lo que me ha pasado es insólito en una democracia. Que un periodista con un programa que tiene oyentes no encuentre trabajo en ninguna emisora convencional no se entiende. Estoy satisfecho de abrir la vía de un periodismo independiente.

Que no tengas ofertas suena a boicot.

Un discurso como el mío no tiene hueco en la radio convencional. No hablaría de boicot, pero sí he sufrido censura: me han echado de dos emisoras, una pública y una privada, por una cuestión editorial, política y de discurso. No les interesa porque es un discurso que resulta incómodo. A mí me han dicho en un despacho: “Tenemos que prescindir de ti porque funcionas”. Cuando me echaron de la segunda casa me dije que la casa me la tenía que construir yo mismo.

¿Cómo callarse en una democracia?

En una democracia nadie debería callar. Cuando empezamos a callar desaparece la democracia. Un país en el que se puede decir libremente cualquier cosa, nos ofenda o no, es más democrático. El día que te callas empiezas a asumir los autoritarismos. Mi ofensa tiene que estar por debajo de tu libertad siempre.

Entonces, ¿cómo se vive sin guardar silencio?

Yo me he llevado disgustos en mi carrera cuando he sufrido presiones y censuras. Cuando te despiden se pasa mal, pero los sinsabores que me he llevado son infinitamente inferiores a la satisfacción de perseguir la libertad no sólo como medio, sino como fin. A mí me han echado y me he ido con dignidad. La libertad de expresión la defendemos juntos, si no, lo que veremos son caídos por la causa. El problema es que vivimos en un país donde todos estamos separados. Hay muchos bandos. Existe sólo el corporativismo de las ideologías. Nos falta mucho para aprender lo que es una democracia.

¿Qué has perdido y qué has ganado con la independencia periodística?

Me da libertad para hacer mi trabajo sin ninguna presión. Me quitó tiempo crear una infraestructura, pero es mejor montártelo tú mismo. Mis verdaderos jefes son los oyentes, gente que ha decidido que no le van a hacer retroceder. Si nos cierran una puerta, abrimos una grieta. Yo hago mi trabajo para intentar vivir en una sociedad mejor.

¿De qué temas no se puede hablar en una radio pública?

En España, del gobierno, por lo que se ve. El gobierno de turno lo ha utilizado como medio de propaganda. Zapatero se vendió al capital en la crisis, pero yo pude decirlo en antena sin represalias.

¿Qué te preguntas en tu poemario El grito en el cielo (Arrebato Libros)?

¿Por qué estamos destruyendo el mundo? ¿Por qué no paramos a preguntárnoslo? El ser humano es una máquina de creación, ha sido capaz de realizar fantasías, pero también pesadillas. El mundo se está desmoronando como si estuviéramos viviendo el apocalipsis.

¿Qué caso real te empujó a escribir esos versos tan intensos?

Ver a mi generación destruida por el paro, la química y las bombas. La generación mejor formada arrojándose por el balcón. Y ver que llegaban cadáveres en el mar.

Te autodefines como un pesimista esperanzado. ¿Qué esperas?

Que seamos capaces de hacer un mundo más habitable, más amable y menos malo, que dice la canción. Que hagamos honor a la humanidad.

Foto: Antonio Heredia