Fernando León de Aranoa. ¿Cómo sentirte de barrio?

En La Caña de Madrid, bar muy frecuentado por León de Aranoa, se sirvieron cervezas y sardinas. También respuestas.

Compartir

Las expectativas por salir o el sentimiento de pertenencia a un lugar son las hermanas ‘más hermosas’, llamadas libertad y soledad. En 1998, Fernando León de Aranoa estrenaba Barrio, su segundo largometraje. Los tres protagonistas de aquella película (Rai, Manu y Javi), vistos con el tiempo, podrían ser perfectamente los trabajadores del astillero de Los lunes al sol (Santa, Jose o Lino). Estar lejos de casa y no ser de ningún lugar. Como una moto de agua aparcada en una acera del barrio de La Elipa (Madrid).

¿La situación de los tres protagonistas de Barrio habría cambiado de haberse rodado hoy?

Estoy seguro de que sí. Cuando la escribí, nunca intenté centrarla en un contexto de marginalidad, como sucede con otras películas, como Deprisa, deprisa (Carlos Saura). Me interesaba mucho esa clase media-baja con dificultades pero con las necesidades básicas cubiertas. Pero no es una historia de marginalidad, sino una historia de supervivencia moral, de la imaginación, la inocencia y la fantasía frente a un contexto duro y difícil.

La familias de los protagonistas tienen situaciones distintas: Manu vive solo con su padre mientras que los padres de Javi acaban separándose. El único que no está en una familia desestructurada es Rai, pero está en el alambre.

El personaje de Rai es el que más marcado está durante toda la película y es verdad que no tiene ese entorno tan desestructurado. Cuando estaba escribiendo, relacioné a cada uno de los tres personajes con las tres almas que todos tenemos (según los filósofos): la racional, la evolutiva y la instintiva. O sea, la cabeza (Javi), el pecho (Manu) y la entrepierna (Rai).

Te leí decir que tus películas no son coyunturales, que las haces para que sigan teniendo sentido diez o treinta años después.

Sí. Esto es una cosa muy intuitiva. Las películas que mejor resisten el paso del tiempo son aquellas que trascienden el momento del que están hablando. Es ésta una aspiración de clasicismo (aunque suene un poco pedante), porque tiene sentido contar una historia no para la gente de tu generación, sino para la que la vea dentro de diez, treinta o cincuenta años. Lo mejor que le puede pasar a una película o a cualquier obra de arte es que envejezca bien.

Encuentro paralelismos entre los personajes de Barrio y Los lunes al sol respecto a las tres almas.

Alguien dijo en su momento –y me hizo mucha gracia– que los personajes de Los lunes al sol parecían los de la película Barrio cuando habían crecido. Supongo que Rai es Santa, el idealista y Manu es Lino.

Creo que también hay desarraigo en películas como Princesas, Amador, Loving Pablo o Un día perfecto.

Me dijo uno de los trabajadores humanitarios que me ayudó con esa película que si no tienes anclaje estás jodido, porque de doce meses que tiene el año, te pasas la mitad dando tumbos de guerra en guerra. Como Santa y sus compañeros de la naval en Los lunes al sol, que hoy están en Vigo pero mañana pueden estar en Cádiz o dentro de seis meses en Luxemburgo.

Cuando hay desarraigo y no estás en casa, ¿cómo te sientes de barrio?

Por lo que sé, al final te tienes que construir una casa… lejos de casa. Y hay quien lo consigue y quien no. Cuando hice Amador me lo dijeron muy rápido: “la inmigración se divide entre los que trabajan fuera (para regresar a su país) y los que quieren quedarse fuera (para desarrollar allí su vida)”. Es la base de los problemas entre Magaly y su chico; él piensa en quedarse aquí y ella sólo quiere volver, porque el sentimiento de arraigo es tan fuerte que quedarse es imposible.

Foto: Nani Gutiérrez