David Summers. ¿Cómo se lleva el peso de un apellido?

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David Summers nos hizo una demostración de fuerza en el Espacio C4 del Edificio Cuzco IV (Madrid). Foto: Jacobo Medrano

La gente que es de fiar lo lleva de serie. Puede que el don se haya adquirido por herencia genética y no por ciencia infusa, pero vaya usted a saber. David Summers es transparente, se le ve la sangre dibujando ramificaciones que dan forma a su silueta. Su padre (Manolo Summers) y su tío (Guillermo Summers) le conseguían trabajo de figurante en el programa Aplauso. Fue allí donde David conoció a Rafa Gutiérrez y se empezó a formar lo que luego fueron Hombres G. Hoy, el hijo de David Summers está a punto de cumplir la mayoría de edad y también se dedica a hacer música. Los genes (artísticos) no engañan. Las pruebas… a continuación.

¿Se hereda la creatividad?

No siempre, pero si tienes una familia a la que le gusta el arte y la creatividad es fácil que termines interesándote por ese tipo de cosas. Aunque tengo otros dos hermanos y ninguno se dedica a esto. A mí, sin embargo, me fascinaba el mundo de mi padre y quería hacer lo mismo.

Te he escuchado decir que la gente se acercaba a tu padre para saludarlo muy educadamente, pero a ti se te acercaban los fans gritando. Me pregunto si en esos momentos te acordabas del consejo que te dio tu padre para vencer a tu timidez y ligar más, que era empezar a tocar la guitarra.

Sí, muchísimas veces [risas]. Yo vivía una época muy agobiante con las fans. Mi padre siempre me decía: “Joder, tío, tienes que estar agradecido, porque las fans son las que compran tus discos y van a tus conciertos”. Y sí, claro, estaba más que agradecido, pero no entendía que a él le saludaran con educación y conmigo se pusieran a chillar. Siempre me decía que cuidara al público y que tratara muy bien a la gente, ejemplo que he seguido toda mi vida.

Tu hijo Daniel cumple 18 años y también es músico. ¿Desde el principio quería dedicarse al arte?

Él quiere ser como yo. Me adora, me quiere muchísimo, viene conmigo a todas partes y todo lo que hago le interesa. Nunca ha pensado en otra cosa que no fuera componer y tocar la guitarra. No juega a los videojuegos, no ve películas… No tiene los mismos intereses de los chavales de su edad. Él sólo toca la guitarra, escucha música y está con papá. Por un lado tengo miedo de que no tenga tanta suerte como yo, pero tiene la misma ilusión que yo tenía y eso me da tranquilidad.

¿Crees que lo criticarán por ser hijo tuyo?

Por supuesto. Si yo le caigo mal a alguien, por definición también él caerá mal.

¿Y tú caías mal por ser hijo de tu padre?

También. Siempre he sido ‘hijo de famoso’, pero sin embargo eso no me ha beneficiado nada. La gente al principio podía pensar que mi padre nos estaba ayudando, pero nunca fue así. Después llegó un momento en el que nadie pensaba que yo era hijo de Manolo Summers; ya tenía mi propia carrera. Pero sí me di cuenta de que los enemigos de mi padre se convertían en mis enemigos automáticamente. Sin embargo, sus amigos no se convertían en mis amigos [risas].

¿Cómo se lleva el peso de un apellido?

Bueno, yo no considero que sea un peso, sino un orgullo enorme. No sólo por mi padre, sino por mi familia, que es una familia de artistas, pintores, de gente que trabaja en el cine, en la música… Ser miembro de la familia Summers es un orgullo enorme. No me ha pesado nunca el apellido. De hecho, siempre firmo ‘David Summers’ cuando me piden un autógrafo.

¿Se heredan los sueños?

No. Mi padre soñaba con que yo fuera pintor, porque él soñaba con serlo. Mi abuelo fue fiscal pero en realidad también quería ser pintor. No hay manera de que haya un pintor en la familia, aunque tuvimos a uno buenísimo: mi tío-abuelo Serny. Todos en la familia dibujamos, pero el sueño artístico de mi padre no lo heredé yo.