Chus Visor. ¿Cómo vivir de la poesía?

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Hay versos que pesan más que el papel. Chus estuvo comprbándolo es su librería, Libros Visor. Foto: Antonio Heredia

Aparte de las rimas, hay poemas que dicen más de lo que cuentan con una estructura acertada. Jesús García Sánchez es Chus Visor, creador y editor de la Editorial Visor, fundada a finales de la década de los sesenta junto a su hermano Miguel. El proyecto se inició para, como el propio Chus declaraba, “leer los libros que no encontraba en España”. Hoy cuenta con mil títulos publicados y más de medio siglo de historia.

En un consultorio literario que Wislawa Szymborska tenía en el periódico, un poeta no paraba de enviarle versos de amor. Un día, ella le respondió que debía intentar enamorarse en prosa. ¿Qué tienen los poetas con el amor?

El amor es uno de los temas principales de la poesía de toda la vida, porque la poesía es la vida y es uno de los asuntos principales que tenemos encima todos: el amor, la muerte, los amigos…

¿Y se ponen pesados los poetas con el amor?

Hombre, depende del poeta que sea. Hacer poemas de amor es tremendamente difícil. Son muy complicados y no es fácil que salgan buenos.

Ahora tenemos mucha gente joven escribiendo poemarios…

Sí, pero esos son más sentimentalistas. Yo considero que un poema de amor es La voz a ti debida, de Pedro Salinas, o Los versos del capitán, de Pablo Neruda. Pero es muy difícil hacer poemas que sean buenos. Yo no soy poeta y no sé si son buenos o no… Te lo digo como lector.

¿Quién determina, en esto de la poesía, qué es bueno y qué no?

Eso es imposible. Lo determina la época y, desde luego, el boca a boca. Incluso los críticos tampoco suelen acertar así como así. En todas las épocas ha habido libros importantísimos, pero al cabo de cinco años ya no se acordaban de ellos. El tiempo es el que determina si un poema es bueno.

¿A mayor cantidad mayor calidad?

Me imagino que te refieres a la cantidad de poetas que están saliendo por las redes sociales. Lo más lógico es que a mayor cantidad haya más calidad, pero eso está por ver todavía. Lo que está claro es que ellos están organizando un movimiento –digamos– nuevo. Pero esto ha pasado en todas las generaciones y tampoco hay que enterrarlos antes de que nazcan. Hay que darles tiempo, porque son muy jóvenes todavía. La mayoría ha publicado un libro o dos o ninguno y, claro, se aprende escribiendo, leyendo y publicando. Hasta que publica, el propio poeta no ve los errores cercanos.

El primer libro que publicó la Editorial Visor fue Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud. ¿Por qué razón fue éste el primer título?

En realidad, la idea inicial no era que ese fuera el primer libro que editásemos, sino los poemas de Friedrich Hölderlin que tradujo Luis Cernuda. Yo era amigo de Gabriel Celaya y me dijo que por qué no lo publicaba, porque en ese momento no estaba disponible aquí.

¿Cómo vivir de la poesía?

Pues la verdad es que no te das cuenta. Me pongo a pensar en estos cincuenta años y veo que ha sido poco a poco, sin enterarme demasiado. Es como una bola de nieve que va creciendo. Hombre, eres consciente sobre todo cuando llegas al libro número quinientos, que piensas que es la hostia. Luego alcanzas el número mil y ves que la gente está muy fervorosa con la colección y por haber llegado a esa cifra. Pero yo no me doy cuenta todavía. Me parece que es como un número más de la colección. Como cuando se cumplen 50 años. ¿Qué más dará tener 49 que 51?

Pero llegar a mil es una proeza…

Sí, pero de eso me daré cuenta con el tiempo. Ahora no me he dado demasiado. De hecho, se ha dado más cuenta la gente de alrededor, pero la verdad es que yo no.