Alberto García Alix. ¿Cómo hacer un autorretrato?

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El autorretrato según García Alix, fotógrafo de sangre cárdena, Santa Coloma de corazón. Se mira como se es, se es como se mira. Belmonte puro. La vida le guiña un ojo y él guiña el otro y dispara a compás. Hace falta valor.

Sé que no eres amigo de hacer entrevistas…

Estoy harto de leer estupideces que colocan en mi boca. Joder, ¿para eso me esfuerzo en componer mi discurso? Al final quedo como un necio, y no lo soy. Y lo peor es cuando pretenden hacer literatura con mi vida; es terrible. Le he cogido miedo.

¿Una imagen vale más que mil palabras?

Eso es mentira. Mi pasión es la literatura. Escribí un libro sobre la imagen y la palabra. Lo titulé El paraíso de los creyentes. Decía cosas como estas: al principio fue el verbo, según el evangelio. En la palabra se refugia nuestra fe. Con palabras todo es visible. Si tú dices ‘rencor’, el rencor no se puede fotografiar. Y sin fe no se lee ni se fotografía. Sólo las palabras leen el límite. Con ellas, más que con la imagen, se puede ver el alma. Con palabras se ama, se perdona, se maldice.

Has cultivado mucho el autorretrato. ¿Qué te provoca ver tu imagen?

Cuando empecé los hacía para aprender. Era mi propio modelo y había mucha coquetería juvenil. Después, en los noventa, todo cambió y empecé a verme de una manera más íntima. Soy yo quien se busca de otra forma, todos mis lados, hay otro juego. Y debe haber intencionalidad. El autorretrato, igual que el retrato, es una posición mental.

¿Dónde hay más pudor, en el autorretrato o cuando retratas a otro?

Cuando retratas. Conmigo no tengo pudor, me he hecho fotos masturbándome… Puedo tener pudor al exhibirlo, porque la comprensión del exterior puede resultar necia.

¿Por qué crees que tiene tanto auge el selfie?

Por pura vanidad y narcisismo moderno. Los móviles han dado a la gente la idea de existir. Y en las redes todo se exhibe.

¿Adónde conduce tanto exhibicionismo?

Me lo he preguntado mucho. Joder, la gente cuelga fotos meando, follando, comiendo paellas, no sé. ¡Vamos a dejar a nuestros nietos la foto de su abuelo haciéndose una paja! Tiene su coña la cosa.

¿Cómo se hace un autorretrato, o un selfie?

El autorretrato es la intencionalidad, el que se quiere ver a sí mismo, no tiene nada que ver con el selfie. Para hacer un autorretrato tienes que tener claro adónde quieres disparar y el motivo. El gran autorretratista de la fotografía española es David Nebreda, que convierte su cuerpo en protagonista. Se tortura, se mancha con excrementos, y lo que consigue es espectacular. No se puede ir más lejos.

Figuras como Lee Friedlander o Nan Goldin han cultivado el autorretrato. ¿Te han inspirado?

No me han inspirado nada. Una de las primeras fotos que me hice en los setenta fue después de una pelea en la que salí malparado. Ahora Nan Goldin aparece así después de haberle pegado el novio, pero yo esa foto me la hice mucho antes. En 1976 no era fotógrafo aún. No tenía conciencia del hecho fotográfico, para mí era un juego. En cambio Goldin sí tiene conciencia de fotógrafa cuando se retrata así. Y es muy buena.

¿Crees que el alcohol y otras drogas pueden servir para crear mejor?

Sí, por qué no, pero depende de la dosis. He sido politoxicómano y la mejor droga es el alcohol. Si no te emborrachas, te da euforia, valor, coraje. La marihuana es creativa, pero muy cagona, te ablandas. He hecho muchas fotos con heroína, tristemente, porque es un narcótico y me he arrepentido, porque te resta. Se trata de no estar demasiado pasado. Aunque si no tienes nada dentro, si no hay talento, no hay droga que valga para crear nada.

¿No es un autorretrato el viaje de un artista?

Sí. La autoría de la creación responde a una forma de ser y a una forma de ver.

Un autorretrato es verse a sí mismo con intencionalidad. Así se ponía frente a su propia cámara Alberto García Alix en 1987.