Cuando Kennedy decidió ir a la Luna

‘Elegimos ir a la Luna, no por que sea fácil, sino porque es difícil’.

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Corría el año 1962 cuando Estados Unidos dio un paso fundamental en la carrera espacial tomando la decisión de emprender un viaje a la Luna. Lo anunció el Presidente John F. Kennedy el 12 de septiembre en el discurso pronunciado en la Rice University y marcó un plazo para el desembarco que se cumplió por poco. Kennedy confirmó la llegada al satélite antes del fin de la década de los 60 y no fue hasta julio de 1969 cuando Neil Amstrong hizo historia convirtiéndose en el primer hombre en pisar la luna.

La misión se encuadró en plena Guerra Fría y después de dos acontecimientos que le dieron clara ventaja al bando soviético en la carrera espacial: el lanzamiento del Sputnik y la llegada de Yuri Gagarin al espacio. Esos fueron algunos de los motivos por los que Estados Unidos se embarcó en una misión en la que los recursos no se escatimaron con tal de que la americana fuera la primera bandera en ondear en la Luna.

A continuación, un extracto del discurso de John F. Kennedy ante la audiencia de la Rice University.

Nos reunimos en una Universidad reconocida por su conocimiento, en una ciudad reconocida por su progreso, en un estado reconocido por su fortaleza, y necesitamos a los tres, ya que nos encontramos en una hora de cambio y desafío, en una década de esperanza y temor, en una era de conocimiento e ignorancia. Cuanto mayor sea nuestro conocimiento, mayor será nuestra ignorancia. A pesar del sorprendente hecho de que la mayoría de los científicos que el mundo ha conocido están vivos y trabajando hoy, a pesar del hecho de que la mano de obra científica de esta nación se duplica cada 12 años en una tasa de crecimiento tres veces mayor a la de nuestra población, las vastas extensiones de lo desconocido, lo no respondido y lo inacabado todavía sobrepasan nuestra comprensión colectiva.

El ritmo de evolución del último sigo es impresionante, y no puede evitar crear nuevos males, ya que disipa la vieja ignorancia, los nuevos problemas y los nuevos peligros. Sin duda, las perspectivas de apertura del espacio prometen altos costos y dificultades, así como una gran recompensa. No es sorprendente que algunos nos hagan quedarnos donde estamos para descansar, pero este país no fue construido por aquellos que esperaban y descansaban, este país fue conquistado por aquellos que avanzaron, y también lo hará el espacio. En 1630, William Bradford, hablando de la fundación de la colonia de Plymouth Bay, dijo que todas las acciones grandes y honorables van acompañadas de grandes dificultades, y que ambas deben ser superadas con coraje. Si esta anécdota nos enseña algo, es que el hombre, en su búsqueda de conocimiento y progreso no puede ser disuadido. La exploración del espacio seguirá adelante, participemos o no, y es una de las grandes aventuras de todos los tiempos.

Los que vinieron antes que nosotros se aseguraron de que este país montara las primeras oleadas de las revoluciones industriales, las primeras oleadas de invención moderna y la primera ola de energía nuclear, y esta generación no tiene la intención de hundirse en el retroceso. Queremos ser parte de la carrera espacial, queremos liderarla. Porque los ojos del mundo ahora miran al espacio, a la Luna y a los planetas, y hemos jurado que no lo veremos gobernado por una bandera hostil sino por una bandera de libertad y paz. Hemos prometido que no veremos un espacio lleno de armas de destrucción masiva, sino que estará repleto de instrumentos de conocimiento y comprensión. Y esto solo puede cumplirse si somos los primeros en llegar. Nuestro liderazgo en la ciencia y en la industria, nuestras esperanzas de paz y seguridad y nuestras obligaciones requieren que hagamos este esfuerzo. Nos embarcamos en este nuevo porque hay nuevos conocimientos que se pueden obtener y nuevos derechos que se deben ganar para el progreso de todos.

Nosotros elegimos ir a la luna. Elegimos ir a la luna en esta década y lo hacemos no porque sea fácil, sino porque es difícil, porque esa meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades. Es por todo esto por lo que hemos cambiado nuestra estrategia en el espacio, la que considero una de las decisiones más importantes que tomaré durante mi presidencia. En estos últimos 19 meses, al menos 45 satélites han circulado alrededor de la Tierra y 40 de ellos fueron fabricados en Estados Unidos. Hemos tenido nuestros fracasos, como los han tenido incluso aquellos que no los admiten, pero no tenemos la intención de quedarnos atrás, y se hará antes de que finalice esta década.

Hace muchos años, al gran explorador británico George Mallory, que moriría en el Monte Everest, le preguntaron por qué quería subirlo, a lo que el respondióo: “Porque está allí”. El espacio está ahí, y vamos a escalarlo con la bendición de Dios, para emprender la aventura más peligrosa y grande en la que el hombre alguna vez se haya embarcado.

Y lo consiguieron en menos de siete años. Desde que acabaron las misiones Apolo ningún otro país ha vuelto a la Luna, y ahora es Marte el siguiente objetivo al que Estados Unidos pretende ser también el primero en llegar, como confirmó el ex presidente Obama, antes de 2030.