Ignacio Rivera: Héroe por accidente

El CEO de Hijos de Rivera S.A. ha iniciado la internacionalización de la empresa familiar que produce las cervezas Estrella Galicia y aguas de Cabreiroá.

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Desde 1906, la fábrica de hielo y cerveza que José María Rivera Corral creó en La Coruña se ha consolidado fuera de los límites de su comunidad autónoma. La cuarta generación de esta saga familiar de 112 años de historia dirige la empresa, capitaneada por Ignacio Rivera, y sus logros son merecedores de ser estudiados en las escuelas de negocios: en plena recesión, la compañía ha crecido casi el triple desde 2010. Y ahora, con una planta en construcción en Brasil, aspira a consolidarse internacionalmente.

¿Cómo se ha conseguido que la empresa siga siendo familiar y no haya sido absorbida por ninguna multinacional?

Teniendo un objetivo común. Todas las generaciones han sido importantes, pero creo que la tercera fue la que nos educó para asumir que la familia Rivera está al servicio de la compañía, y no al revés. Esa es la clave. Todos tratamos de ser lo más profesionales que se pueda. El futuro también lo construimos pensando en nuestra responsabilidad social: porque representamos más del 1% del PIB de nuestra tierra, lo que nos obliga a ser cada vez más profesionales. ¡Ojalá siga habiendo Riveras en la empresa! Pero no por el mero apellido, sino por ser también grandes profesionales.

¿Cuándo te incorporaste al negocio familiar?

Los herederos de José María Rivera Corral somos cinco ramas familiares y hay cinco personas al frente, una por cada rama. En mi caso éramos cuatro hermanos y tuvimos la desgracia de que nuestro padre murió cuando yo tenía siete años y mi hermano mayor, que me llevaba once y que era como mi segundo padre, fue el que pasó a ocupar su lugar. Cuando yo era joven me marché a Madrid para estudiar, pero en 1990, cuando ya estaba terminando mis estudios, falleció también mi hermano en un accidente de moto… Yo, que estaba encaminado a quedarme en Madrid y trabajar fuera de la compañía, me vi en la tesitura de regresar a La Coruña y ponerme a trabajar en la empresa familiar.

¿Qué tuviste que hacer? ¿Cómo te las apañaste?

Empecé a trabajar en el departamento de marketing y luego pasé al comercial. Hice mucha expansión nacional, abriendo casi todos los mercados fuera de Galicia. Ya habíamos hecho algún pinito internacional, pero abrimos los de Estados Unidos, Portugal o Reino Unido. En 1993 dimos el salto a las aguas minerales, comprando Cabreiroá, de la que me nombraron consejero delegado a finales de los noventa: un auténtico máster bajo ‘fuego real’ para mi primera experiencia de liderazgo. Después, en la cerveza, pasé por varios cargos hasta convertirme en consejero delegado del grupo.

Estrella Galicia patrocina conciertos de artistas poco conocidos (Telefon Tel Aviv, Circuit des Yeux…) en salas pequeñas. ¿A qué se debe esa estrategia?

Es difícil transmitir lo que es nuestra marca en un estadio, ante cincuenta mil espectadores. Eso lo puede patrocinar cualquiera; pero no todos pueden hacerlo con conciertos para doscientos espectadores… Ahí hay que involucrarse completamente en la experiencia del producto que va a recibir la persona. Esa es nuestra estrategia.