Ciclista marítimo

La Schiller S1-C es la bicicleta acuática más avanzada del mercado. Tiene un precio que ronda los 5.000 dólares, pesa 160 kilos y puede llegar a alcanzar una velocidad de 7 nudos (unos 13 km/h).

Compartir
Norman Foster se suele dejar ver pedaleando sobre su bicicleta acuática Schiller, como hizo el pasado verano en Tisbury Great Pond, en Martha’s Vineyard, Massachusetts.

Se habla del ansia del hombre por volar, pero poco se recuerda el deseo de caminar sobre las aguas. Pero para todo hay inventos: la marca Schiller fabrica bicicletas acuáticas y Norman Foster es uno de sus adeptos.

El primer prototipo de bicicleta acuática data del 1885 y servía de alternativa al mítico modelo penny-farthing: una rueda delantera gigantesca y una trasera mucho más pequeña. Jessica Schiller, muchos años después, desarrolló un mecanismo de flotabilidad para mantener el vehículo sobre el agua. Para ello confeccionó dos pontones (como dos catamaranes) hinchables sobre los que reposaría.

El mismísimo Norman Foster la ha probado, tanto en lagos como en el océano. Sin ir más lejos, el arquitecto recuerda cuando la sacó a mar abierto: “Subía con ella las crestas de las olas más grandes para luego caer en picado en los valles que estas formaban”. La bicicleta, fabricada con aleaciones y acero inoxidable, tarda en montarse aproximadamente diez minutos. Su diseño ergonómico tiene componentes y piezas intercambiables, como el sillín, el manillar, las bielas y los pedales.

Además de Norman Foster, otras celebridades también se han animado a montar en este vehículo, como Alberto de Mónaco, Mika Hakkinen o Paula Radcliffe, quienes llegaron incluso a reunirse en la primera Riviera Water Bike Challenge, celebrada en 2017 entre Niza y Mónaco.