El mesías de Kew Garden

Ramosmania rodriguesii, hyophorbe amaricaulis o victoria amazónica son nombres de plantas en peligro de extinción a las que Carlos Magdalena, botánico asturiano, consagra su vida. Salvarlas es su misión.

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Tras más de dos décadas trabajando en Royal Botanic Gardens Kew, hace unos meses Carlos publicó el libro The Plant Messiah, que ha sido todo un éxito en Inglaterra. En España, podemos leerlo bajo el título El mesías de las plantasde la editorial Debate.

¿Por qué dedicar la vida a salvar a las plantas?

Son verdaderamente importantes para nosotros. Tres de cada cuatro medicinas que han sido descubiertas provienen de una planta o un hongo. Son el único ser viviente que produce energía, y no sólo no produce dióxido de carbono sino que además lo almacena. El algodón, el azúcar, el café que bebemos cada mañana, incluso el oxígeno que respiramos o el agua, todo está vinculado, de una u otra forma, al mundo vegetal. En la actualidad hay 80.000 especies amenazadas. Así que ante un mundo que está en peligro sólo veo dos opciones: proteger lo que todavía no hemos destrozado, y lo ya arrasado, ajardinarlo a escala planetaria.

¿Qué suponen para ti los veinte años que llevas en Kew Garden?

Este jardín fue la plataforma que me permitió formarme como profesional. Es frustrante viajar a todas las partes del mundo para intentar salvar a estas especies y no poder hacerlo. Mi libro me ha quitado un tiempo que podría haber dedicado a algún ejemplar, pero, por otra parte, soy consciente que es un trabajo inabarcable para una sola persona. Tener un altavoz y generar entusiasmo e ilusión hace que otra gente se una a la causa.

Cuando se salva una especie, ¿qué se hace con ella?

Depende mucho de la legislación y la receptividad de los países. Lo primero que intentamos es asegurar su permanencia a nivel genético y conservar las semillas en cámaras frigoríficas especiales. Cuando salvamos una especie se genera mucho interés en los medios de comunicación y así también damos visibilidad al tema de la conservación. Si podemos la devolvemos al país de origen para que crezca en su hábitat.

Fue un muerto viviente, la ramosmania rodriguesii, la que te hizo encontrar tu camino en la vida.

Sí, así fue. Cuando vine por primera vez al Kew Garden pensé: “Tengo que trabajar aquí como sea”. Casualmente al coger el metro de vuelta a casa encontré en The Guardian la historia de un ejemplar único de una variedad de café. La planta fue descubierta por un niño en isla Rodrígues en 1979. Después de tantos años aún seguía viva, pero no daba semillas. Me quedé totalmente fascinado con ese limbo zombi. Finalmente conseguí un puesto como becario. Me colocaron en el área donde guardaban la ramosmania y después de años, mucho trabajo y mucha observación conseguí que diese semillas. Al final el círculo se cerró y acabé saliendo en The Guardian por haberla salvado.

¿Qué especie se te resiste?

Varias. Una que me quita especialmente el sueño es la hyophorbe amaricaulis. Es un tipo de palmera que vive en isla Mauricio. Sólo queda un ejemplar y lo complicado es que primero pone flores macho y a las pocas semanas flores hembra, así que no podemos reproducirla. Desde hace unos años estamos probando todo tipo de técnicas todavía sin suerte. El problema es que Isla Mauricio es zona de ciclones y existe el peligro de que uno se acerque y la parta en dos. El día que esto ocurra, se acabó.

 

CINCO IMPRESCINDIBLES KEW GARDEN

Waterlily House. Transpórtate a un mundo más cálido y húmedo rodeado de nenúfares gigantes, lotos y otras plantas exóticas.

The Arboretum. Camina a 18 metros de altura sobre esta biblioteca viva de más de 14.000 árboles, muchos de ellos plantados en el siglo XVIII cuando el primer director, Sir. William Hooker, dio forma al Kew.

Marianne North Gallery. Las paredes de esta galería están cubiertas por 833 pinturas botánicas que la artista fue realizando a lo largo de sus viajes por todo el mundo.

Palm House. Viaja a la selva tropical paseando por este invernadero victoriano de 1844. Palmeras, epifitas y las plantas más bajas del sotobosque te están esperando.

The Great broad walk. Si tienes la oportunidad de visitarlo en verano camina a lo largo de sus 320 metros disfrutando de sus más de 30.000 plantas, sus colores y texturas harán las delicias de los amantes del paisajismo.