José Antonio Camacho. Cómo sudar la camiseta

El testimonio de uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol, en el tercer número de Man on the Moon.

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En una familia murciana donde ser del Real Madrid venía de fábrica, sus valores de liderazgo, carácter y energía trasmitieron eternamente un orgullo, el de dejarse la piel en cada partido. Definir a Camacho puede hacerse con una imagen sangrante de la sufridora selección española ‘ochentera’ o con una desde el banquillo como sudoroso seleccionador. Una vida de récords, de pundonor y de talante, que sigue vinculada a la pelota (actual seleccionador de Gabón) y que quiere volver a comentar el gol que traiga el Mundial 2018 a España.

¿Cómo eran tus sueños futboleros de niño?

Todos mis amigos veían los partidos y querían ser futbolistas. Yo tuve la suerte de que mi padre y mi hermano mayor lo habían sido. Después, el colegio y la calle hicieron el resto para que tuviera claro que quería serlo.

¿En qué jugadores te fijabas para ser como ellos?

Mi padre llegó a la capital a trabajar como carpintero y Rubio, un señor de mi pueblo, de Cieza, que había jugado en el Real Madrid nos conseguía entradas. Y claro, me hice madridista a fondo. Mi ídolo era Amancio, era buenísimo. Luego jugué con él y hasta lo tuve de entrenador. Imagínate lo que significa para mí…

Cuando eras juvenil, te llegaron propuestas del Real Madrid y del Barcelona. ¿Cómo decidiste algo tan importante?

La historia te la cuento por el final, porque cuando me retiré, el Barcelona me mandó todo el seguimiento que habían hecho de mi carrera desde niño, cuando ya me habían estado viendo. Como juvenil ya me querían fichar y le hicieron propuestas al Albacete, que fue el primer equipo en el que jugué. Pero hubo dos razones que me condicionaban. Primero, claro, que yo era muy madridista. Y después, por mi madre, que pensaba que si me iba a Barcelona no me vería casi. Tuve muy claro que quería jugar en el Real Madrid. Vine a que me probasen y recuerdo que me torcí el tobillo y me asusté, porque pensaba que no me iban a llamar más, pero me ficharon.

Tan claro lo tenías que jugaste 16 temporadas en el Real Madrid y no existen más colores en tu carrera. ¿Por qué ya no hay futbolistas de un solo club?

El fútbol ha cambiado. Cuando empecé, firmabas un contrato y, aunque lo terminaras, había una cláusula muy de moda en la época que era el derecho de retención (los contratos podían ser prorrogados indefinidamente aún en desacuerdo con el propio interesado). En mi caso, me adapté, se hizo un entorno familiar para mí y, claro, es que estaba en el club más grande del mundo. Tuve además la suerte de terminar mi carrera ahí, y es un orgullo haber jugado sólo en el que considero mi club.

¿Hoy el fútbol devora las mentes de los jugadores?

Sí, hoy devora algunas. Depende de tu poderío físico, técnico y mental. Pero aún hay quien mantiene la cabeza en su sitio y quien tiene una visión más equilibrada, quizá más como era en mi época. Estuve cerca de jugadores ejemplares y eso ayuda mucho. Ahora hay agentes para todo y el futbolista tiene muchas cosas a su alrededor que antes no teníamos. Mi padre y mi hermano hablaban por mí si hacía falta.

En tu época con la Selección, la palabra clave era ‘furia’ y ahora la que la define es ‘toque’… ¿Es reflejo de que antes se sufría y no se ganaba y ahora se sufre algo menos pero se aspira a ganar?

España siempre tuvo futbolistas de toque, también en mi época, y muchos, pero no era capaz de dar un pasito definitivo. Y ahora les ves y, además de toque, tienen garra, que se aprecia en cómo intentan recuperar la pelota nada más perderla. Eso es orgullo, ambición, energía… Y esa ha sido la base. Pero no pensemos que antes no había calidad y sólo garra, porque no es así. Lo que pasa es que ahora hay más calidad porque se ha evolucionado hacia esa vertiente por el estilo de las generaciones de futbolistas que han surgido. Hoy estamos a la cabeza del mundo. Tanto, que hasta los alemanes, referencia en todo, nos copian.

Como futbolista te dejabas el alma… ¿Quién sería el Camacho de hoy en la Selección por esa furia, entrega y carácter?

He jugado dos Mundiales y dos Eurocopas que, sin una lesión, hubieran sido tres. No se consigue esto sólo con furia, tienes que tener algo más. Creo que Sergio Ramos tiene esas características de seguridad, liderazgo y que logra trasmitirlas.

Muchos jóvenes que no te vieron jugar saben que eras todo entrega porque, incluso estando en el banquillo de la Selección, te vieron sudar a raudales en el Mundial 2002 en una imagen histórica que refleja cómo eres. ¿Cómo se suda la camiseta?

En la vida se quedan imágenes y momentos para el recuerdo. Y uno será siempre ese. ¿Tú sabes el calor y la humedad que hacía en ese Mundial de Corea y Japón? Y claro, en el banquillo, con una camisa azul… pues lógicamente a todos nos hubiera pasado. No me importa aquella imagen porque representa cómo estábamos todos los españoles en aquel momento de tensión y esperanza.

Viviste Eurocopas y Mundiales como futbolista y como seleccionador…

Sí, y creo que no hay nada como vivirlo siendo futbolista. Como jugador te queda margen para disfrutarlo, pero como entrenador tienes mil responsabilidades y más en un país donde todo el mundo es ‘seleccionador’.

¿Acojona a los débiles un Mundial?

Depende de quien seas. Por ejemplo, Messi va a ser evaluado en el Mundial, por aquello de que si gana o no un torneo así y las comparativas que siempre tiene allí. Pone a prueba a los mejores y siempre exige algo más que saber jugar.

Ahora te escuchamos en los partidos de España. ¿Se critica más al Camacho comentarista que al Camacho entrenador?

Como comentarista, unos estarán a favor y otros en contra, pero casi todo se debe a que sean de un equipo u otro. Después de las críticas que pude recibir como entrenador, ahora cualquiera es poca. Ojalá podamos comentar otra vez un gol que nos de el Mundial 2018.

¿Cómo se puede ganar?

La clave es llegar en forma. Y debe haber una unión y un respeto sobre la presión que se le mete al equipo, porque, como dice Lopetegui, estamos entre los mejores, pero depende de pequeños detalles (cruces, tarjetas, lesiones…). Se tienen que dar todas las circunstancias para acabar siendo el mejor. Y ser el mejor en algo nunca ha sido fácil.