Periodismo y terrorismo: un debate de tres décadas

¿Cómo debe ser el tratamiento de los medios de comunicación al respecto de los atentados terroristas?

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¿Se debe informar sobre atentados terroristas siendo muy explícitos en el contenido de las informaciones? El debate es antiguo y la pregunta sobrevuela redacciones, y ahora también redes sociales, cada vez que tiene lugar uno de ellos, y una vez pasada la primera información de rigurosa actualidad sobre lo sucedido, los profesionales se preguntan hasta qué punto se debe detallar o no el atentado en cuestión.

Al respecto de esto, y con la intención de generar un debate necesario la Asociación Nacional de Informadores de Salud ha llevado a cabo una mesa redonda en el marco de su XIV Congreso bajo el título “¿Estamos traspasando la frontera?”, con una conclusión final: “no se trata de ocultar la realidad a la ciudadanía, si no de no recrearse en el dolor de las víctimas y de sus familias”. La dificultad, según los profesionales, es la de delimitar lo relevante desde el punto de vista informativo sin “caer en lo morboso de este tipo de tragedias”.

La historia suele tener respuestas a las preguntas más actuales, y quizás, este sea un nuevo ejemplo. Hace más de tres décadas, la por aquel entonces presidenta de The Washington Post, Katharine Graham, analizó en la edición impresa del sábado 21 de diciembre de 1985 esta situación en torno a declaraciones recientes entonces de grandes líderes y el papel que debía jugar el periodismo, y aquí ofrecemos un extracto:

El terrorismo ha alcanzado un alto grado de éxito a corto plazo, al menos en el caso de Estados Unidos. La ocupación durante un año de la Embajada norteamericana en Teherán contribuyó a la caída del presidente Carter. Y el terrorismo en Oriente Próximo propició, si es que no la causó, la retirada militar de una región en la que, según ha declarado el presidente Reagan, la presencia norteamericana es de “interés nacional”.El éxito del terrorismo en forzar cambios políticos ha llevado a algunos observadores a concluir que éste es la guerra. Es, además, una forma de guerra en la que los medios de comunicación constituyen un arma poderosa.

Como resultado, se nos pide que limitemos la cobertura informativa de las acciones terroristas. La primera ministra Margaret Thatcher ha declarado: “Tenemos que encontrar la forma de privar a los terroristas y a los secuestradores de aviones del oxígeno de la publicidad, del cual dependen”. Mucha gente, incluyendo a algunos periodistas de Estados Unidos, comparten su opinión. Muchos de estos observadores piden que los medios de comunicación se impongan un límite voluntario a la hora de informar sobre atentados terroristas. Algunos llegan incluso a aprobar un control gubernamental; una censura, de hecho, en caso de que los medios de comunicación no se avengan a tal autolimitación. Sin embargo, yo estoy en contra de cualquier restricción impuesta por el Gobiemo a la libre circulación de la información sobre actos terroristas. Incluso unas pautas acordadas por los propios medios de comunicación serían demasiado amplias para ser útiles o se olvidarían en el calor de una crisis. En su lugar, estoy a favor de una cobertura del terrorismo, tan amplia como sea posible, por parte de los medios de comunicación

Estas son mis razones:

Los atentados terroristas no pueden ignorarse. Son simplemente acontecimientos muy notorios para que pasen inadvertidos. Si los medios de comunicación no informaran, abundarían los rumores, y los rumores pueden contribuir a intensificar y empeorar un conflicto. Los especialistas no tienen pruebas precisas de que los atentados terroristas vayan a acabar si los medios de comunicación no informan sobre ellos. Por el contrario, creen que los terroristas aumentarían el número, la magnitud y la intensidad de sus acciones. Si los ignoramos, los terroristas aumentarán el volumen hasta que el mundo no pueda evitar oírlos. Al mismo tiempo, creo que los medios de comunicación pueden ayudar al Gobierno a resolver crisis terroristas y a salvar vidas, aunque no sea ése nuestro papel.

(…) pero la cobertura informativa de atentados terroristas y de la violencia urbana conlleva retos muy reales y excesivamente complejos. Existen, sin embargo, límites a lo que los medios de comunicación pueden y deben hacer. La primera cuestión implica saber cómo conseguir y revelar información sin empeorar las cosas, sin poner en peligro la vida de los rehenes ni comprometer la seguridad nacional. (…) De manera especial, los medios de comunicación están dispuestos, y lo hacen, a retener información que pueda poner en peligro vidas humanas o comprometer la seguridad nacional.

Existe un peligro real de que el terrorismo no sólo secuestre aviones y rehenes, sino que también secuestre a los medios de comunicación.

Todo medio de comunicación serio y profesional de cualquier parte del mundo desea ser lo más responsable posible. Desgraciadamente, no todas las empresas de comunicación ni todos los periodistas se guían por un alto nivel de profesionalismo. Y lamento decir que, una vez que estas personas menos escrupulosas o menos cuidadosas publican alguna información, todos los medios de comunicación se sienten obligados a seguirles. Así pues, puede ser cierto que la persona menos responsable de los que toman parte en el proceso determine el grado de cobertura informativa.

Han pasado treinta años desde la publicación de este artículo y la pregunta aún sigue en el ambiente sin una respuesta clara y con una serie de herramientas mucho más potentes para que esos “irresponsables” de los que hablaba Katharine Graham lleguen al gran público generando reacciones quién sabe hasta qué punto irreparables.